

Según la Wikipedia: "Una fatwa, fatua o, como se la ha llamado tradicionalmente en español, fetua (en árabe:فتوى) es un pronunciamiento legal en el Islam, emitido por un especialista en ley religiosa sobre una cuestión específica. Normalmente una fatua es emitida ante la petición de que un individuo o juez establezca una cuestión donde el fiqh, la jurisprudencia islámica, no está clara. Un erudito capaz de emitir una fatua se conoce como mufti.
Ya que no existe un sacerdocio islámico centralizado, no hay un método unánimemente aceptado para determinar quién puede emitir una fatua y quién no, lo que ha llevado a algunos eruditos islámicos a quejarse de que demasiada gente se siente calificada para emitir fatuas."
En los hechos una fatwa es una condena de muerte emitida por un líder religioso. Esta fatwa solicita que un buen musulmán asesine a quien se haya condenado donde quiera que lo encuentre, el premio es el Paraíso. La más famosa de las fatwas ha sido la que se emitió contra Salman Rushdie hace 20 años, a quien se le condenó a muerte por haber ofendido a Alá, señalando como "satánicos" los versículos del Corán, el libro sagrado del Islam.
Pero Salman Rushdie no es el único contra quien se ha levantado una fatwa, recientemente se han conocido los casos de dos mujeres (lo que llama sobremanera la atención): Irshad Manji, una mujer originaria de Uganda, educada en Canadá y residente en Nueva York y Ayaan Hirsi Ali, originaria de Somalia, ciudadana holandesa y residente en Washington.
Conocí a Ayaan a través de los medios de comunicación en Holanda hacia 1998, cuando viví en Ámsterdam, me llamó la atención además de su aspecto de modelo, alta y delgada, su decisión para hablar de temas políticamente incorrectos. Ahí estaba una joven negra, hermosa, hablando en perfecto holandés y diciéndole a la sociedad que se precia de ser la más tolerante del mundo que "la tolerancia hacia la intolerancia es cobardía". Pero no se limitaba a decir lo que pensaba al pueblo que la había acogido como refugiada algunos años antes, también señalaba los problemas de las culturas del Islam y el estado de sometimiento en que vivían las mujeres musulmanas, incluso en Holanda. Me convertí en un seguidor de su carrera y de sus palabras, de algún modo representaba mucho de lo que yo pensaba con respecto a muchos temas tabú en México y nuestra relación con las culturas indígenas y los cuestionables "usos y costumbres". Yo era un inmigrante en Holanda y esa posición de lejanía hacia esa cultura y hacia la mía propia (causada por la distancia) me llevó a pensar en la libertad de pensamiento y expresión desde puntos de vista que no había tenido antes.
Hace un años aproximadamente, decidí escribir una obra de teatro basada en su vida en la que se retratara no sólo su periplo de Somalia a Holanda, sino también la sociedad que la recibió y sus contradicciones, que son las mías propias y las de la mayoría de los seres humanos. Esta obra se llama FATWA y es un viaje por África, Medio Oriente y Europa y sus habitantes de hoy, con todo y problemas. Es también una jornada a través del descubrimiento de quién se es, quién se quieres ser y sus consecuencias.
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